Los Rostros
de la Diosa
Introduce: Fire Valkyrja ©

En este número invitamos a Sandra
Román, para que nos explique el maravilloso
mundo de la Diosas. Con inmenso placer dejo el teclado
y se lo paso a ella, para que se explaye en cómo encontrar
la Divinidad en nosotros.
Por Sandra Román
Cómo
re-conocernos en las historias de las Diosas y aprender nuevas y
viejas formas de ser mujeres y hombres. Encontrar la Divinidad dentro
de uno mismo nos ayuda a sanar heridas y hacernos cargo de nuestro
destino.
Los oráculos sirven para conocer el futuro.
Pero este es tan dinámico, tan difícil de atrapar…
A medida
que el Planeta Tierra gira más rápidamente, a medida
que la danza de la Mujer Cambiante se acelera, cuanto más
intentamos controlar el destino más a merced de sus Fuerzas
estamos.
Los Arquetipos, en cambio, nos ayudan a conocer
el pasado para desde allí poder comenzar a comprender mejor
nuestro presente. De esa manera, podremos pararnos de un modo poderoso
frente a los desafíos que nos presenta la vida, fluyendo
con el curso armónico con que se mueven las energías
en el Universo, apropiándonos de nuestro libre albedrío
y reconociéndonos como responsables de absolutamente todo
lo que nos sucede en esta existencia.
Las Diosas son los arquetipos femeninos que no
solamente se encuentran dentro de la psique femenina sino en el
inconsciente colectivo, en el interior profundo de toda la Humanidad.
Durante los últimos cinco milenios, esas energías
que representan distintos aspectos de lo femenino han permanecido
en la sombra. Mujeres y hombres nos hemos acostumbrado a creer que
lo femenino era la representación del mal sobre la tierra.
Desde el momento de transición entre la
Era de Tauro (el signo de la Madre y de la fertilidad de la Tierra,
representada por el toro, quien era considerado el consorte de la
Diosa por las culturas matrísticas) comenzó a tergiversarse
el significado de los símbolos sagrados de tal modo que,
en la Era de Aries (signo regido por Marte, el dios de la guerra)
ya no se veneraba la capacidad de dar a luz y nutrir la vida sino
que pasaron a primer plano la violencia y la búsqueda del
poder y la dominación.
Esta degradación de lo femenino se acentuó
durante la Era de Piscis, etapa de la Humanidad en la cual el sufrimiento
y la negación del cuerpo se convirtieron en los requisitos
esenciales para llegar a re-unirse con la Divinidad. Nuestros antepasados
de esta época no alcanzaban a darse cuenta de que la búsqueda
de esa Divinidad mostraba una prueba evidente de que antes habíamos
sido UNO/UNA con Ella.
El regreso de la Diosa en la Era de Acuario, signo
de la integración y del amor por la humanidad, regido por
Kuan Yin, Diosa de la Compasión y por Urano , el dios de
los cambios abruptos.
Esta vuelta de las Diosas a nuestra conciencia nos da la posibilidad
de re-descubrir nuestros orígenes, la verdadera historia.
Cada Diosa es un arquetipo vivo en nuestro interior y nos habla
de nuestra propia naturaleza divina. Cada una de las Diosas que
fueron veneradas en la Antigüedad nos ofrece la posibilidad
de conocer los distintos rostros de labiosa Madre, Una, Única,
Creadora de Todo lo que Es, Fue y Será.
Cada
rostro de la Diosa es un espejo en el cual mirarnos y reconocer
los fragmentos de nuestra esencia divina, para que podamos volver
a armar las piezas del puzzle maravilloso que es la vida. Cada una
de estas caras representa un modo particular que es propio de cada
persona para manifestar a la Diosa en el Mundo, para prestarle su
cuerpo y su ser completo y permitirle que vuelva a caminar sobre
la Tierra con Belleza y Dignidad.
Utilizar a las Diosas simplemente como oráculo podría
hacernos perder un poco la grandiosa Fuerza Divina que cada una
de Ellas corporiza. Pero zambullirnos en Su energía, despertándolas
“desde adentro” nos proporcionará las herramientas
que necesitamos para convertirnos en un espejo que pueda reflejar
Su verdadera magnificencia.
“Conócete a ti mismo y conocerás a los dioses”,
decía una frase grabada en la entrada del Oráculo
de Delfos, alguna vez consagrado a la antigua Diosa. Muchos siglos
después de haberse escrito esa sentencia, podemos afirmar
que conociendo los Rostros de la Diosa, podremos llegar a apropiarnos
de nuestra auténtica, divina identidad.
Sandra Román
|