Mitología:
Odin u Oðinn, Dios de la Sabiduria, de la Magia, la Guerra y los Muertos
Autora: Fire Valkyrja ®
En símbolos
hemos repasado qué es el Valknut, el nudo de Oðinn. Pero
para conocer mas a fondo a este dios, trataremos de adentrarnos
en que sabemos de él.
Oðinn,
Wottan o Woden, era el más alto y más sagrado
de los dioses de las razas nórdicas. Él era el espíritu
omnipresente del universo, la personificación del aire, el
dios de la sabiduría y la victoria universal, y el líder
y protector de príncipes y héroes. Ya que se suponía
que todos los dioses eran descendientes suyos, se le apellidó
Allfather (padre de todo) y entre los más ancianos y principales
de ellos, él ocupaba el asiento más elevado en Asgard.
Conocido como Hlidskialf, este asiento no era sólo un trono
elevado, sino también una torre de vigía, desde la
cual él podía observar todo el mundo y ver de un solo
vistazo todo lo que sucedía entre los dioses, gigantes, elfos,
enanos y hombres.
Oðinn
era representado generalmente, como un hombre alto y vigoroso, de
alrededor de cincuenta años y o bien con cabellos rizados
y oscuros, o bien con una larga barba gris y cabeza calva. Estaba
ataviado con vestiduras grises, con una capucha azul y su cuerpo
musculoso estaba envuelto con un amplio manto azul salpicado de
gris, un emblema del cielo con sus nubes. En su mano, Oðinn
portaba generalmente la infalible lanza Gungnir, la cual era tan
sagrada que un juramento realizado sobre su punta nunca podría
ser roto y en su dedo o brazo llevaba el maravilloso anillo Draupnir,
el emblema de la fertilidad, cuya belleza no tenía comparación.
Cuando se sentaba sobre su trono, o se encontraba pertrechado para
la batalla, en cuyo caso descendía hasta la Tierra para participar
en ella, Oðinn llevaba su casco de águila. Sin embargo,
cuando deambulaba tranquilamente sobre la tierra con apariencia
humana, para ver lo que hacían los hombres, se ponía
generalmente un sombrero de ala ancha, con el cual tapaba su frente
para ocultar el hecho de que sólo tenía un ojo.
Dos cuervos, Hugin (pensamiento)
y Munin (memoria), se posaban sobre sus hombros cuando
él se sentaba sobre su trono y les enviaba al ancho mundo
cada mañana, esperando ansiosamente su regreso al anochecer,
momento en el que ellos le susurraban al oído las noticias
de cuanto habían visto y escuchado. De esta manera, se encontraba
bien informado sobre todo lo que acontecía en la Tierra.
A sus pies se acurrucaban dos lobos
o sabuesos de caza. Geri y Freki, animales que eran sagrados para
él y considerados de buen agüero cuando se cruzaban
en el camino. Oðinn siempre alimentaba a estos animales con
sus propias manos, con carne que se servía delante de él.
Él mismo no necesitaba ningún tipo de comida para
su sustento y rara vez probaba nada excepto el hidromiel sagrado.
Cuando se sentaba ceremoniosamente sobre su trono,
Oðinn descansaba sus pies sobre un banquillo de oro, obra
de los dioses, cuyo mobiliario entero y utensilios estaban siempre
hechos de tal metal precioso o de plata.
Además del magnífico Glasheim, donde
se encontraban los doce asientos que ocupaban los dioses cuando
se reunían en asamblea, y Valaskialf, donde se encontraba
su trono, Hlidskialf, Oðinn poseía un tercer palacio
en Asgard, situado en medio de la maravillosa arboleda Glasir, cuyas
relucientes hojas eran de oro rojo.
El Valhalla
Este palacio, llamado Valhalla (morada de los caídos),
tenía quinientas cuarenta puertas, lo suficientemente anchas
como para permitir el paso de ochocientos guerreros de frente y
sobre la entrada principal se encontraba una cabeza de jabalí
y un águila, cuya penetrante mirada llegaba hasta los rincones
más lejanos del mundo. Las murallas de esta formidable construcción
estaban confeccionadas de relucientes lanzas, tan bien pulidas que
iluminaban todo el lugar. El techo era de escudos dorados y los
asientos estaban decorados con finas armaduras, el regalo del dios
a sus invitados. Largas mesas proporcionaban amplio espacio para
los Einheriar, guerreros caídos en batalla, los cuales eran
especialmente favorecidos por Oðinn.
Las antiguas naciones del Norte, que consideraban
la guerra como el más honorable de los oficios y el valor
como la virtud más grande, adoraban a Oðinn fundamentalmente
como dios de la batalla y la victoria. Ellos creían que siempre
que una batalla fuera inminente, él enviaba a sus ayudantes
especiales, las doncellas del escudo, la batalla o del deseo, las
llamadas valkirias (electoras de los caídos), las cuales
escogían de entre los guerreros muertos a la mitad de ellos
y los transportaban en sus veloces corceles a través del
palpitante puente del arco iris, Bifröst, hasta Valhalla. Recibidos
por los hijos de Oðinn, Hermod y Bragi, los héroes
eran conducidos hasta el pie del trono de Oðinn, donde recibían
los elogios debidos a su valor. Cuando alguno de sus predilectos
era traído de esta manera hasta Asgard, Valfather (padre
de los caídos), como se llamaba también a Oðinn
cuando presidía sobre los guerreros, se levantaba de su trono
y se dirigía hasta la gran puerta de entrada para darle la
bienvenida personalmente.
Además de la gloria de tal distinción
y el disfrute de la amada presencia de Oðinn día tras
día, más placeres esperaban a los guerreros del Valhalla.
Se les proporcionaba espléndidas diversiones en las largas
mesas, donde las valkirias, tras haberse despojado de sus armaduras
y haberse ataviado con blancas túnicas, les presentaban sus
respetos con diligente cortesía. Estas doncellas, que según
algunas autoridades eran nueve, les llevaban a los guerreros grandes
cuernos rebosantes de hidromiel, además de enormes cantidades
de carne de jabalí, con los cuales banqueteaban opíparamente.
La bebida popular del Norte era la cerveza, pero nuestros antepasados
consideraban que esa bebida era demasiado ordinaria para la esfera
celestial. Por tanto, imaginaban que Valfather mantenía sus
mesas con abundantes suministros de hidromiel, el cual era proporcionado
diariamente por la cabra Heidrun, la cual pacía continuamente
las tiernas hojas y ramitas de Lerald, la rama más elevada
de Yggdrasil.
La carne con la que se festejaban los Einheriar
provenía del jabalí divino Sehrimnir, un animal prodigioso,
muerto diariamente por el cocinero Andhrimnir y hervido en la gran
caldera Eldhrimnir; aunque todos los invitados de Oðinn poseían
gran apetito y comían hasta la saciedad, siempre había
grandes cantidades de carne para todos.
El jabalí siempre revivía antes de
que llegara la hora de la siguiente comida. Esta renovación
milagrosa de los suministros no era el único prodigio que
ocurría en el Valhalla. Se contaba que los guerreros, tras
haber comido y bebido hasta la saciedad, cogían sus armas
y se dirigían hasta el gran patio, donde luchaban entre ellos,
reviviendo las hazañas que les habían hecho famosos
en la Tierra e infringiéndose temerariamente terribles heridas,
las cuales, sin embargo, sanaban completa y milagrosamente tan pronto
como sonaba el cuerno que anunciaba la cena.
Ilesos y felices, al sonido del cuerno y sin guardarse
rencor mutuo por las crueles estocadas dadas y recibidas, los Einheriar
regresaban alegres hasta Valhalla para reanudar su festín
en la amada presencia de Oðinn, mientras las valkirias se
deslizaban elegantemente para llenar constantemente sus cuernos
o sus vasos favoritos, las calaveras de sus enemigos, mientras los
escaldos cantaban sobre las guerras o sobre agitadas incursiones
vikingas.
Ya que tales placeres eran los más elevados
que la fantasía del guerrero vikingo podía imaginar,
era natural que todos los guerreros adoraran a Oðinn y que
en sus años jóvenes se dedicaran a su servicio. Ellos
juraban morir con las armas en la mano, si era posible, e incluso
llegaban a herirse ellos mismos con sus propias lanzas cuando sentían
que la muerte se les acercaba, si habían sido lo suficientemente
desafortunados como para escapar de sus garras en el campo de batalla
y se veían amenazados con la posibilidad de una "muerte
de paja", como solían denominar a la que llegaba por
vejez o enfermedad y les sorprendía en el lecho.
En recompensa por tal devoción, Oðinn
"cuidaba" con particular esmero de sus favoritos, concediéndoles
regalos, como una espada mágica, una lanza o un caballo,
los cuales los hacían invencibles hasta su última
hora, momento en que el dios aparecería para reclamar o destruir
el regalo que había concedido, mientras las valkirias transportaban
a los héroes hasta el Valhalla.
Cuando Oðinn participaba en la guerra, solía
montar en su corcel gris de ocho patas, Sleipnir y portar
su escudo blanco. Su lanza, arrojada por encima de las cabezas de
los combatientes, era la señal para comenzar la contienda,
tras lo cual se precipitaría en medio de las filas emitiendo
su grito de guerra: "¡Oðinn los tiene a todos!"
A veces usaba su arco mágico, el cual podía
disparar hasta diez flechas a la vez, cada una de las cuales abatía
a un enemigo invariablemente. También se suponía que
inspiraba a sus guerreros favoritos la famosa "Cólera
de la Furia", que les permitía, aunque estuvieran desnudos,
sin armas y acosados gravemente, realizar grandes hazañas
de valor y fuerza y continuar con prósperas vidas.
El Manantial de Mimir
Para
obtener la gran sabiduría por la que es tan famoso, Oðinn
en los albores del tiempo, visitó el manantial de Mimir (Memoria),
la fuente de todo ingenio y sabiduría, en cuyas
profundidades se reflejaba claramente incluso el futuro y buscó
al anciano que lo vigilaba para que le dejara tomar un trago. Pero
Mimir, que conocía bien el valor de un favor tal, rehusó
concederlo, a menos que Oðinn consintiera en darle uno de sus
ojos a cambio.
El dios aceptó sin dilaciones y se arrancó
uno de sus ojos, el cual Mimir lo guardó como garantía,
hundiéndolo en las profundidades de su manantial. Bebiendo
abundantemente de las aguas, Oðinn se hizo con el conocimiento
que ansiaba, sin lamentar jamás el sacrificio que había
hecho, pero en memoria de aquel día arrancó una rama
del árbol sagrado Yggdrasil, que daba sombra al manantial
y fabricó con ella su lanza Gungnir.
Otra historia, precisamente en el Hávamál,
se relata cómo Oðinn robó el hidromiel poético
al gigante Suttung. Para ello sedujo a la hija del gigante, Gunnlod:
Dudo si habría logrado
escapar
de los salones de los gigantes,
si no hubiese usado a la buena Gunnlod
a la que estreché entre mis brazos.
Oðinn, creo, juró
por su anillo de los juramentos.
¿Cómo se puede confiar en su palabra?
Dejó a Suttung sin hidromiel con una estafa
Y a Gunnlod con lágrimas.
Los vikingos reverenciaban especialmente
un juramento sobre un anillo sagrado, en honor al anillo
Draupnir. Este anillo podia ser en realidad un brazalete de brazo
o uno que se llevaba em el cuello (como los torques). Sin
embargo, Oðinn lo violó, faltando a su palabra y a
la ley de tal juramento.
Según los versos que siguen, Oðinn
no robó en realidad el hidromiel al gigante Suttung, sino
a Fialar, uno de los enanos que hicieron la bebida de la sangre
de Kvasir.
Snorri le añade un prólogo a la historia.
Los enanos Fialar y Galar, habían hecho el hidromiel, pero
Suttung lo cogió en compensación por la muerte de
su padre y de su madre, el gigante Gilling y su esposa. Los enanos
habían invitado a Gilling a una excursión en bote.
Éste volcó y Gilling cayó. La mujer del gigante
lloraba copiosamente, tanto, que Fialar no pudo aguantar más
los gritos, así que la instó a que buscara consuelo
yendo a la puerta y mirando en el lugar donde había ocurrido
la tragedia. Ella estuvo de acuerdo y mientras estaba de pie, Galar
le tiró una piedra de molino en la cabeza y la mató.
Suttung se ofendió y planeó la venganza. Cogió
a los enanos y los llevó en barco hasta un peñasco
que estaba sumergido por la pleamar. Allí los amenazó
con abandonarlos salvo que pagasen por las muertes y ellos aceptaron
darle el hidromiel. Él se lo llevó a casa y se lo
confió a su hija Gunnlod.
Oðinn decidió coger el hidromiel. Mientras
caminaba hacia la fortaleza de Suttung, llegó a un campo
donde nueve trolls estaban segando. Eran los aparceros de Baugi,
el hermano de Suttung. Como eran trolls, no eran demasiado inteligentes
y estaban usando guadañas sin afilar. Oðinn les ofreció
afilar las herramientas y los esclavos quedaron sorprendidos de
lo mejor que segaban ahora. Le preguntaron si podían comprarle
la piedra de afilar y el dios se la arrojó y todos se lanzaron
a cogerla. Con la confusión y las guadañas afiladas,
se cortaron las gargantas unos a otros y murieron. Oðinn continuó
su camino hacia la granja. Baugi estaba trastornado por haber perdido
toda su fuerza de trabajo, pero Oðinn le ofreció hacer
todo el trabajo a cambio de un trago del hidromiel de Suttung. Se
presentó a sí mismo como Bolverk, lo que debió
haber puesto en guardia a un gigante, pues significa Malvado. Sin
embargo, todo lo que Baugi hizo fue señalar que no tenía
control sobre el hidromiel de su hermano, pero aceptó ver
lo que se podía hacer para ayudar a Oðinn a satisfacer
su deseo. Bolverk trabajó todo el verano como un esclavo
y cuando llegó el invierno le pidió a Baugi su paga.
Éste le llevó ante Suttung, pero el gigante se negó
a darle un solo trago del hidromiel. Sin embargo, Baugi y Bolverk
se compincharon para conseguir algo de hidromiel y juntos hicieron
un agujero a través de las rocas para alcanzarlo. Bolverk
se convirtió en una serpiente y reptó por el agujero.
El relato ilustra algunos de los atributos menos
atractivos de Odin: su despreciable astucia y oportunismo, su habilidad
para cambiar su forma, su propensión a los nombres falsos
y a los disfraces, su recurso a la traición. Para una visión
más positiva, tenemos que ver su pretensión de ser
un dios del conocimiento. Su modo de conseguir la sabiduría
es mediante el sacrificio (un ojo como pago por beber de la fuente
de Mimir, colgando de un árbol para lograr las runas). Podía
hacer hablar a los muertos, podía preguntar a los sabios,
usar todos los poderes del seidr (un tipo de magia que tiene fuertes
connotaciones chamanicas), tenía los cuervos, Hugin y Munin.
Odin y Vafthrundir
El Vafthrundismál es un registro de una competición
de destreza y ciencia entre el dios y el gigante Vafthrundir, famoso
por lo profundo de sus conocimientos. El poema comienza con una
conversación entre Oðinn y su esposa Frigg, donde éste
le pide un consejo que no está dispuesto a aceptar. ¿Debe
visitar al gigante para averiguar cuánto sabe? Frigg espera
que su esposo regrese a salvo y éste emprende su viaje disfrazado
de viajero. Cuando es llevado ante el gigante, se presenta con el
falso nombre de Gagnrad. Vafthrundir le interroga brevemente y le
considera como hombre de conocimientos y le propone una competición:
se probarán mutuamente sus habilidades. Quien pierda, perderá
su cabeza. Entonces Gagnrad empieza preguntándole al gigante
sobre los orígenes del mundo, la naturaleza de los dioses
y el fin de todas las cosas. El gigante responde con destreza, hasta
que Gagnrad hace trampa con su última pregunta: ¿Qué
le susurró Oðinn al oído de su hijo Balder cuando
el dios muerto estaba siendo puesto en la pira funeraria? Sólo
Oðinn sabía la respuesta, por lo que el gigante se
da cuenta de que ha sido burlado.
Ningún hombre sabe lo que en tiempos tan remotos
le dijiste a tu hijo al oído.
Condenado a morir, me he puesto a narrar mis viejos cuentos
y a contar el destino de los dioses.
Ahora sé que luchaba con Oðinn,
el sabio entre los sabios.
Geirrod y Agnar
Otro poema sapiencial es el Grímnismál.
Habla de dos jóvenes príncipes, Agnar de diez años
y Geirrod de ocho. Salieron a pescar y el viento los empujó
mar adentro. Naufragaron en la costa cercana a la pequeña
choza de un granjero. Estuvieron con él y su esposa ese invierno
y el granjero le tomó especial cariño a Geirrod. Cuando
llegó al primavera, el granjero le dio algunas instrucciones
privadas. Cuando el barco llegó de regreso a su país,
Geirrod, que estaba en la proa, saltó a tierra y empujó
el barco mar adentro, dejando abandonado a su hermano mayor en él.
Geirrod fue a casa y se encontró con que, mientras habían
estado fuera, su padre había muerto y le había tocado
ser heredero, creciendo para convertirse en un príncipe insigne.
El heredero legítimo, Agnar, abandonado a la deriva, desembarcó
en un lugar desolado, ocupándose de él unos gigantes
que vivían allí.
Este conflicto entre los dos hermanos provocó
peleas en lugares más altos, ya que Oðinn era el patrón
de Geirrod, mientras que Frigg lo era de Agnar. Un día la
pareja estaba sentada en su trono contemplando lo que pasaba en
el mundo, cuando él comentó con sorna: "Mira
a tu ahijado Agnar. Está engendrando un hijo con una giganta
en una cueva. Entre tanto, mi ahijado Geirrod es un rey gobernando
su país". Frigg replicó ácidamente: "Geirrod
es un miserable, tan tacaño en sus fiestas que tortura a
sus huéspedes si cree que han venido demasiados". Esto
era una calumnia y riñeron por ello. Oðinn apostó
a su mujer que podía demostrar que aquella acusación
tan grave era falsa.
Se disfrazó y fue a la casa de Geirrod. Pero
Frigg, más astuta que su marido, envió a un mensajero
a Geirrod previniéndole del extraño extranjero que
había entrado en su país. Geirrod fue engañado
y apresó a Oðinn, quien se envolvió en una capa
azul oscuro y dijo llamarse Grimnir. Cualquiera de las dos cosas
debería haber puesto sobre aviso al rey de haber sido más
listo. Geirrod quería más información. Grimnir
permaneció en su derecho de guardar silencio, por lo que
Geirrod lo torturó. Hizo dos grandes hogueras y dejó
a Grimnir allí durante dos días tan abrasado que su
capa se quemó. Geirrod tenía un hijo de diez años
a quien, sin ningún tacto, había llamado Agnar, como
su hermano. El joven Agnar se compadeció de Grimnir y le
trajo un cuerno lleno de bebida. El agradecimiento de Grimnir y
la profecía de que Agnar sería recompensado con el
trono abre el poema.
Grimnir muestra luego el alcance de su saber nombrando
las cortes de los diferentes dioses, los animales sobrenaturales
que habitan su mundo, hablando de la creación del firmamento
y de los tesoros de los dioses, cosas éstas que deberían
indicar a la audiencia su identidad real. Acaba prediciendo la muerte
de Geirrod a espada y pronunciando su nombre. Las consecuencias
vienen en prosa: "El rey Geirrod estaba sentado con su espada
medio desenvainada. Cuando oyó que su visitante era Oðinn,
saltó, queriendo sacar a Oðinn del fuego. Su espada
resbaló de su mano. Su pie tropezó y cayó de
cabeza sobre la espada. Esta lo atravesó y murió.
Luego Oðinn desapareció. Y Agnar reino durante muchos
años."
Los Muchos Nombres de Oðinn.
Snorri, esta vez como Tercero en el Gylfaginning,
dice que Oðinn es el más viejo y el más eminente
de todos los dioses, estando al control de todo. Los otros dioses
le obedecen como los niños a sus padres. Tercero también
le llama Alfather, Padre de Todo, pero también le llama Valfather,
Padre de los Caídos, Hangagud (Dios de los Ahorcados), Haptagud
(Dios de los Cautivos), Farmagud (Dios de la Carga) y, añade,
Oðinn se dio aún más nombres en si visita al
rey Geirrod. Tercero cita luego una lista de versos del poema Grímnismál:
"Me llamo a mí mismo Grim/ y Gangleri,/ Herian, Hialmberi,/Thekkr,
Thridi,/ Thunn, Unn,/ Helblindi, Har,/ Sann, Svipall,/ Sanngetal..."
Y continúa así durante dieciséis
líneas más. No sorprende que Gangleri le respondiese:
"Le has dado un montón de nombres. Qué cantidad
de conocimientos ha de tener un hombre para ser capaz de decir con
exactitud de dónde procede cada uno de estos nombres".
Lo que de hecho necesita un hombre es haber sido
instruido en los rudimentos de la etimología nórdica,
al menos para algunos de los nombres. Los nombres muestran diferentes
facetas del carácter de Oðinn o algo de la diversidad
de sus actividades: el dios terrorífico y espantoso, el que
podía controlar los vientos, el dios de la guerra y dador
de la victoria, el dios de la magia, el dios siniestro, el dios
en cuya palabra no se puede confiar. El hecho de que Oðinn
practicase seidr, que podía poner en duda su masculinidad,
podría conducir al nombre de Iálkr. Las muchas historias
en las que Oðinn viaja disfrazado explicaría nombres
como Grímr y Sidhöttr. Nombres como Bileygr, Blindi
y quizás Hár recuerdan que Oðinn era tuerto,
porque dio un ojo a cambio de un trago del manantial de Mimir, fuente
de sabiduría y sentido común.
Las Runas
Oðinn fue quien robó las runas,
el primer alfabeto que utilizaron las naciones nórdicas,
cuyos caracteres, que significaban misterio, fueron al principio
utilizados para la adivinación y conjuros poderosos, aunque
posteriormente sirvieron para hacer inscripciones. Ya que la sabiduría
podía ser obtenida sólo a costa de sacrificio, el
mismo Oðinn relata que estuvo suspendido nueve días
y noches del árbol sagrado Yggdrasil, contemplando las inconmensurables
profundidades de Niflheim, sumergido en profundos pensamientos,
llegando a herirse a sí mismo con su lanza, antes de adquirir
el conocimiento que deseaba.
Sé que colgué del
árbol azotado por el viento
nueve noches completas,
atravesado por la lanza y a Oðinn entregado,
yo mismo a mí mismo.
Ningún hombre sabe
de qué raíces ha nacido este árbol.
No me dieron pan, ni a beber
del cuerno;
miraba hacia abajo;
levanté las runas, las subí bramando,
di de nuevo en la tierra.
Cuando dominó completamente su conocimiento,
talló runas mágicas sobre su lanza Gungnir, sobre
la dentadura de su caballo Sleipnir, sobre las garras del oso y
sobre otras incontables cosas animadas e inanimadas. Y ya que había
permanecido suspendido sobre el abismo durante tanto tiempo, se
le consideró entonces como la divinidad de los que eran condenados
a ser colgados.
La Cacería Salvaje
Oðinn, como dios del viento, era representado
también cabalgando velozmente a través del aire, sobre
su corcel de ocho patas, lo cual originó el más antiguo
de los acertijos del Norte ("¿Quiénes son los
que cabalgan hacia la Cosa? Tres ojos tienen entre los dos, diez
pies y una cola: así viajan por las tierras").Y ya
que se suponía que las almas de los muertos eran arrastradas
por las alas de la tormenta, Oðinn era venerado como el líder
de todos los espíritus incorpóreos.
En esta condición,
se le conocía generalmente como el Cazador Salvaje y cuando
la gente oía el rugido del viento se echaba a gritar ruidosamente
en su temor supersticioso, creyendo que le habían visto y
oído pasar seguido de su séquito, cabalgando todos
ellos sobre corceles jadeantes y acompañados de sabuesos
que ladraban. Y el paso de la Cacería Salvaje, conocida también
como la Cacería de Woden, la Multitud Furiosa, los Sabuesos
de Gabriel (por un rey sueco) o Asgardreia, era considerado un presagio
de tantos infortunios como la pestilencia de la guerra.
Se pensaba que si alguien era lo suficientemente
sacrílego como para unirse al griterío salvaje con
burla, sería arrebatado y arrastrado junto con la desvaneciente
multitud, mientras que aquellos que se unían al griterío
con implícita buena fe, serían recompensados con el
regalo inmediato de una pata de caballo que sería arrojada
hasta ellos desde arriba, la cual, si era guardada cuidadosamente
hasta el amanecer, sería transformada en un lingote de oro.
Incluso después de la llegada del cristianismo,
el folclore nórdico aún temía la llegada de
una tormenta, declarando que era la Cacería Salvaje quien
surcaba a través de los cielos.
El objetivo de esta cacería espectral variaba
con frecuencia y era o bien un jabalí visionario o bien un
caballo salvaje, doncellas de pecho blanco o las ninfas de la madera,
llamadas Doncellas del Musgo, que se creía que representaban
las hojas en otoño que se caían de los árboles
y eran llevadas con el ventarrón invernal.
En la Edad Media, cuando el culto a las viejas deidades
paganas había sido olvidado parcialmente, el líder
de la Cacería Salvaje ya no era Oðinn, sino Carlomagno,
Federico Barbarroja, el rey Arturo o alguien como el señor
de Rodenstein o Hans von Hakelberg, los cuales, en castigo por sus
pecados, eran condenados a cazar por siempre en los reinos aéreos.
Ya que el viento soplaba con más fuerza durante
el otoño y el invierno, se suponía que Oðinn
prefería cazar durante esas estaciones, especialmente durante
el período comprendido entre Navidades y la Duodécima
Noche, y los campesinos siempre se cuidaban de dejar el último
haz de grano en el campo, para que sirviera de alimento a su caballo.
La Cacería Salvaje, o la Multitud Furiosa
de Alemania, se conocía como Herlathing en Inglaterra, por
el mítico rey Herla, su supuesto líder; en el norte
de Francia como Mesnée d´Hellequin, por Hel, la diosa
de la muerte, en la Edad Media con el nombre de la Cacería
de Caín o la Cacería de Herodes, llevando tales nombres
porque se suponía que sus líderes eran incapaces de
encontrar descanso debido a los perversos asesinatos de Abel, de
Juan Bautista y de todos los Santos Inocentes.
Irmin
En algunas regiones de Alemania, Oðinn era considerado
idéntico al dios sajón Irmin, cuya estatua, el Irminsul,
cerca de Paderborn, fue destruida por Carlomagno en el año
772. se decía que Irmin poseía un pesado carro de
bronce, sobre el que cruzaba el cielo por la senda que conocemos
como la Vía Láctea, la cual era más conocida
por los antiguos alemanes como la Vía de Irmin. Este carro,
cuyo ruido ensordecedor era a veces perceptible al oído de
los mortales en forma de truenos, nunca abandonaba el cielo, donde
aún puede ser visto en la constelación de la Osa Mayor,
que en el Norte también se conoce como la de Oðinn, o
la de Carlos, el Carro.
Wes Hæl og Verið allir blessaðar
Fire Valkyrja
Fuentes:
Mitología Universal, tomo 2, Juan Bergua, Ediciones Ibérica.
1990
Mitología Nórdica. Heinrch Nieder. Edicomunicaciones.
1997.
Los Vikingos. H. A. Guerber. M. E. Editores. 1995
Los Vikingos. Frédéric Durand. EUDEBA. 1967
Fire Valkyrja
Copyright® Senda Pagana
- PPA
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