Mitología:
El Dios Tyr, dios del valor y de la guerra
Autora: Fire Valkyrja ®

Este importante dios pertenece a la Mitología
Nórdica. Es otro de los Aesires, cuyo dios supremo era Odín
o Wotan. Un Dios con gran sentido de la Valentía, hasta jugarse
una mano.
Porque digo esto??? Lean!!!
Otros nombres: Tiu, Tiuz, Tiwaz
Tyr, era hijo de Odín y, según algunos
mitólogos, su madre era Frigga, la reina de los dioses, o
una bella gigante cuyo nombre se desconoce, pero que era una personificación
del mar furioso. Él era el dios del honor marcial y una de
las doce principales deidades de Asgard. Aunque aparentemente no
tenía una morada concreta allí, siempre era bienvenido
en Vingolf o Valhalla y ocupaba uno de los doce tronos en la gran
sala de consejo de Gladsheim.
Como dios del valor y de la guerra, Tyr era invocado
con frecuencia por varias naciones del Norte, que le aclamaban,
al igual que a Odín, para obtener la victoria. Que su jerarquía
figuraba detrás de la de Odín y Thor está demostrado
por su nombre, Tiu, habiéndoselo dado a uno de los días
de la semana, el día Tiu que en inglés moderno se
ha convertido en Tuesday (martes). Bajo el nombre de Ziu, Tyr era
la divinidad principal de los suevos, que originalmente habían
llamado su capital, la actual Ausburgo, Ziusburgo. Esta gente, venerando
al dios como lo hacían, solían rendirse culto bajo
el emblema de una espada, su atributo distintivo y en su honor se
celebraban grandes danzas de espada, donde se interpretaban varias
figuras. A veces, los participantes formaban dos largas líneas,
cruzaban sus espadas, la apuntaban hacia arriba y retaban al más
audaz entre ellos a que diera un salto por encima de ellos. En otros
tiempos, los guerreros unían las puntas de sus espadas para
formar una rosa o una rueda, y cuando la figura estaba completa,
invitaban a su jefe a alzarse sobre el ombligo así formado
de hojas de acero reluciente y afilado y entonces lo paseaban por
el campamento triunfantes. La punta de la espada llegó
posteriormente a ser considerada tan sagrada que se convirtió
en una costumbre el hacer juramentos sobre ella.
Un rasgo distintivo del culto a este dios entre los francos y algunos
otros pueblos nórdicos era el de que los sacerdotes llamados
godi, ofrecían sacrificios humanos en sus altares, generalmente
contando el águila extendida o sangrienta sobre sus víctimas,
es decir, realizando una profunda incisión en cualquiera
de los dos lados del espinazo, sacando hacia fuera las costillas
así aflojadas y arrancando las vísceras a través
de la apertura resultante.Por supuesto, sólo los prisioneros
de guerra eran sometidos a esta práctica y era considerado
como una gesta de honor entre las razas del Norte europeo el soportar
esta tortura sin un solo quejido. Estos sacrificios se llevaban
a cabo en toscos altares de piedra, que todavía pueden ser
vistos en el Norte de Europa. Ya que Tyr era considerado
como el dios patrono de la espada, se consideraba que era
indispensable el grabar el signo o la runa que le representaba bajo
la hoja de todas las espadas, una práctica que en el Edda
se refleja, ya que impuso a todos aquellos que desearan obtener
la victoria.
Las runas
debéis conocer,
si la victoria deseáis obtener,
y sobre el puño de vuestra espada los grabaréis;
algunos en el templo,
algunos en la guardia,
dos veces mencionad el nombre de Tyr.
Tyr era idéntico al dios sajón Saxnot
(de sax, o espada) y a Er, Heru o Cheru, la divinidad principal
de los cheruski, que también le consideraban el dios del
Sol y creían que el filo de su reluciente espada era un emblema
de sus rayos.
La Espada de Tyr
Según las antiguas leyendas, la espada de Cheru, que había
sido fabricada por los mismos enanos, hijos de Ivald, que habían
forjado la lanza de Odín, era considerada muy sagrada por
su gente, a cuyo cuidado él había confiado, declarando
que aquellos que la poseyeran tendrían la victoria segura
sobre sus enemigos. Pero aunque era cuidadosamente guardada en el
templo, donde colgaba de forma que reflejara los primeros rayos
del sol matinal, desapareció misteriosamente una noche. Una
vala, profetisa, consultada por los sacerdotes, reveló que
las Nornas habían decretado que quienquiera que la empuñara
conquistaría el mundo y moriría por él; pero,
a pesar de todos los ruegos, ella rehusó contarles quién
se la había llevado o dónde podría ser encontrada.
Tyr, cuyo nombre era sinónimo de valentía y sabiduría,
también tenía, según lo antiguos nórdicos,
a sus órdenes a las blancas valquirias, las asistentes de
Odín y creían también que era él el
que decidía qué guerreros deberían transportar
ellas hasta Valhalla para ayudar a los dioses en el último
día.
La Historia de Fenris
Tyr era generalmente representado y considerado como un dios manco,
al igual que Odín era considerado un dios tuerto. Diversas
explicaciones son ofrecidas por las diferentes autoridades en la
materia; algunos afirman que se debí a que sólo podía
concederle la victoria a un bando; otros, porque una espada tenía
una sola hoja. Sea como fuere, los antiguos preferían la
siguiente versión:
Loki se desposó en secreto en Jötunheim con la horrible
giganta Angurboda (presagiadora de los tormentos), con la que tuvo
tres monstruosos hijos: el lobo Frenrihr o Fenris, Hel, la parcialmente
coloreada diosa de la muerte y Iörmungandr, una terrible serpiente.
Él guardó en secreto la existencia de estos monstruos
tanto tiempo como pudo. Sin embargo, crecieron tanto tan rápidamente
que no se les pudo mantener por más tiempo confinados en
la cueva donde habían nacido. Odín, desde su trono
pronto se percató de su existencia y también de la
inquietante velocidad a la que crecían. Temeroso de que estos
monstruos invadieran Asgard y destruyeran a los dioses una vez hubiesen
aumentado su poder, Allfather decidió deshacerse de ellos
y, tras dirigirse hasta Jötunheim, arrojó a Hel a las
profundidades de Niflheim, diciéndole que ella podía
reinar sobre los nueve tenebrosos mundos de los muertos. Después
arrojó a Iörmungandr al mar, donde alcanzó unas
proporciones tan inmensas que al final terminó por rodear
la Tierra hasta el punto de poder morderse su propia cola.
Nada satisfecho con las pavorosas dimensiones que la serpiente alcanzó
en su nuevo elemento, Odín resolvió llevar a Fenris
hasta Asgard, con la esperanza de, con un trato amable, convertirlo
en un animal tratable y gentil. Pero todos los dioses se encogieron
consternados cuando vieron al lobo y ninguno de ellos se atrevió
a acercarse a él para darle de comer, excepto Tyr, a quien
nada le intimidaba. Viendo que Fenris crecía diariamente
en tamaño, fuerza, voracidad y ferocidad, los dioses se reunieron
en consejo para deliberar sobre la mejor manera de deshacerse de
él. Decidieron unánimemente que, como matarlo profanaría
su lugar de paz, lo atarían fuertemente para que no pudiese
causarles ningún daño.
Con tal propósito a la vista, se hicieron con una gruesa
cadena llamada Leding y le propusieron alegremente a Fenris atarle
para poner a prueba su alardeada fuerza. Confiado en que sería
capaz de liberarse, el lobo permitió pacientemente que le
ataran a conciencia y cuando todos se hubieron puesto a un lado,
con gran esfuerzo se estiró y fácilmente reventó
la cadena que le aprisionaba.
Ocultando su disgusto, los dioses elogiaron en alto su fuerza, pero
después fabricaron una cadena mucho más fuerte, Droma,
con la cual, tras algunas persuasiones, permitió el lobo
que se le volviera a atar como antes. De nuevo, un corto e intenso
esfuerzo bastó para reventar sus ataduras, por lo que en
el Norte es proverbial usar las expresiones figuradas "soltarse
de Leding" y "librarse de Droma", siempre que sobrevenían
grandes dificultades.
Los dioses, dándose cuenta ahora que las ataduras normales,
por muy fuertes que fueran, no servirían para derrotar la
gran fuerza de Fenris el lobo, le pidieron a Skirnir, sirviente
de Freya, que descendiera hasta Svartalfaheim y ordenara a los enanos
que fabricaran unas cadenas que nadie pudiese romper.
Utilizando artes mágicas, los elfos oscuros manufacturaron
una fina soga sedosa, a partir de materiales tan implapables como
el sonido de los pasos de un gato, la barba de una mujer, las raíces
de una montaña, la nostalgia de un oso, la voz de los peces
y la saliva de los pájaros. Cuando estuvo finalizada, se
la entregaron a Skirnir, asegurándole que ningún tipo
de fuerza podría llegar a romperla y que cuanto más
fuerza tensada, más fuerte se volvería.
Armados con esta cuerda llamada Gleipnir, lo dioses se dirigieron
junto a Fenris a la isla de Lyngvi, en medio del lago Amsvartnir
y de nuevo le propusieron poner a prueba su fuerza. Pero aunque
Fenris había alcanzado una fuerza aún mayor, desconfió
de una cadena que se veía tan fina. Por consiguiente, rehusó
permitir que le ataran, a menos que uno de los Ases consintiera
poner la mano en su boca y dejarla allí, como garantía
de buena fe y de que no fuera utilizada ningún arte mágico
contra él.
Los dioses oyeron tal decisión consternados y todos se echaron
atrás, con la excepción de Tyr, el cual, viendo que
los demás no consentirían esta condición, dio
audazmente un paso al frente e introdujo su mano entre las fauces
del monstruo. Los dioses rodearon entonces firmemente el cuello
y las patas de Frenris con Gleipnir y cuando vieron que sus más
denotados esfuerzos para liberarse fueron infructuosos, gritaron
y rieron con júbilo. Tyr, sin embargo, no pudo compartir
su alegría, pues el lobo, al verse capturado, arrancó
de un mordisco la mano del dios a la altura de la muñeca,
que desde entonces se ha conocido como la articulación del
lobo.
Privado de su mano derecha, Tyr se vio obligado a usar el brazo
mutilado para sujetar su escudo y empuñar la espada con la
mano izquierda. Sin embargo, tal era su destreza que siguió
abatiendo a sus enemigos como antes.
Los dioses, a pesar de los esfuerzos del lobo, estiraron el final
de la cadena Gleipnir a través de la roca Gioll y lo ataron
al canto rodado Gelgia, el cual fue enterrado profundamente en el
suelo.
Abriendo sus pavorosas fauces, Fenris profirió aullidos tan
terribles que los dioses, para acallarle, sumergieron una espada
en su boca, con la empuñadura apoyada contra la mandíbula
inferior y la punta en su paladar. La sangre comenzó a brotar
entonces, con tales chorros, que se terminó creando un río
llamado Von. El lobo estaba destinado a permanecer atado de esa
manera hasta el último día, momento en el que reventaría
sus ataduras y se liberaría para vengar sus agravios.
Mientras que algunos mitólogos ven en este mito un emblema
del crimen refrenado y convertido en algo inofensivo por el poder
de la ley, otros ven el fuego subterráneo, que guardado en
sus confines no puede dañar a nadie, pero una vez liberado
llena el mundo con destrucción y dolor. Al igual que se decía
que el ojo de Odín descansaba en el manantial de Mimir, la
segunda mano de Tyr (su espada) se encontraba en las fauces de Fenris.
Él no tiene más necesidad de dos armas que el cielo
lo tiene de dos soles.
El culto a Tyr se conmemoraba en diversos lugares como en Tübingen,
Alemania, que tenían versiones más o menos modificadas
en su nombre. El nombre también se la ha dado a la acónita,
una planta conocida en los países nórdicos como el
timón de Tyr.
Fire Valkyrja
Copyright®
Senda Pagana
http://www.wicca-argentina.com.ar
http://www.asatru-argentina.com.ar
Fuentes:
Mitología Universal, tomo 2, Juan Bergua, Ediciones Ibérica.
1990
Mitología Nórdica. Heinrch Nieder. Edicomunicaciones.
1997.
Los Vikingos. H. A. Guerber. M. E. Editores. 1995
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